
Me gusta sentarme enfrente de la cafetera y ver como va cayendo gota a gota aquello que antes sólo eran pequeños granos oscuros.
Me gusta abrir el grifo de agua caliente de la ducha y ver como se empañan todos los cristales mientras me fumo un cigarrillo envuelta en una toalla.
Hacer bolitas perfectas con la miga de pan, y luego disfrutar de ellas una a una; coger los granos de azúcar derramados con los dedos y saborearlos muy despacio; el sonido de la lluvia sobre el mar, mojarme con ella hasta que al fin, la gota que colgaba de mi flequillo se desliza sobre mi cara...
Parece que el tiempo de detiene en cada uno de esos momentos. Pequeños placeres de los que casi todo el mundo se olvida siempre, y con los que podemos disfrutar, al menos, de una parte del día.